¿De dónde son?

¿Es relevantes saber de dónde son los cantantes? Puede que sí o que no, pero en cuanto a Cristóbal Colón parece importar muchísimo su origen.
Dice especialista colombino (Alfonso Enseñat de Villalonga) que era rubio y pecoso, y que era genovés. Colón se llamaba Pedro, y su verdadero apellido era Scotto.
A la nota responden decenas de enfurecidos patriotas (vascos, gallegos, catalanes), con diferentes razones, reclamándolo compatriota y acusando a las fuerzas imperiales de arrebatárselo.
A mí lo que me llama la atención es el apellido, y no por su origen escocés -los Douglas de cierta alcurnia-, sino porque en un área de Brooklyn todo se apellida Scotto: la vinatería, la funeraria, el restorán, la papelería… Me han contado que la familia Scotto, poderosa y mafiosa, tenía del puño a los negocios de Carroll Gardens. Y pienso en su posible origen común con el llamado Cristóbal Colón, posiblemente Pedro Scotto, en su viaje transatlántico, en sus capacidades o discapacidades mercantiles, en sus escrúpulos y creencias, en Génova, en el Mediterráneo que vino a dejar hasta este rincón helado del mundo su huella.
http://www.abc.es/20090308/cultura-cultura/colon-llamaba-pedro-scotto-20090308.html

Entre el sofá y el blog

Febrero fue un mes móvil, agitado. Estuve en cinco países (Nueva York, el punto de base, que toqué entre una ciudad y otra para estar presente en los dos cursos de graduados en la universidad, el de Cervantes, y el de escritura literaria; Cartagena en Colombia -para participar en el Hay Festival-; Habana y Cienfuegos en Cuba -parte del jurado del Casa de las Américas-; Madrid -para presentar la edición de El complot de los románticos, la novela que ganó el Premio de novela Café Gijón, que -m¡, y México, para hablar en la presentación de Casi nada, de Daniel Sada, que ganó el Premio Herralde de novela).
Hoy, que ya es marzo, acabo de entrar a casa.
Si a las ciudades se suman las lecturas o las obras a que asistí, fui de Joseph Roth en El busto del emperador -edición de Acantilado del 2003-, a las novelas ejemplares de Cervantes, de Slumdog Millionaire, a Grand Torino, a dos churros (en mexicano quiere decir pelis de quinta) españoles, a un Chejov montado por Sam Mendes, a …
La nieve retrasó el aterrizaje del avión, y creo que merezco irme a dormir temprano.

Sopa

Escribí este ensayo sobre la SOPA a petición de Día Siete. La verdad es que nunca, nunca se me habría ocurrido escribir del tema. Pero cuando me invitaron a hacerlo me vino a la memoria la sopa de tortuga que hacía mi abuela, y no resistí la tentación.
Para escribirlo consulté el libro GOTHAM, la historia de Nueva York, -tomo I, de Wallace y Burrows-,publicado en Oxford.
Apareció publicado en el formato que lo estoy subiendo el 15 de febrero del 2009. Aclaro: mi más reciente novela es El complot de los románticos (ganadora del Premio Cafe Gijón de novela), y la anterior fue La virgen y el violín. Ambas publicadas, como El velázquez de París que cita la ficha de la autora, por Siruela. 16sopas-dia-siete.pdf

Jorge Reyes

Me enteré ayer por la noche, porque topé de casualidad con Enrique Strauss, de que murió Jorge Reyes de un infarto súbito. Todavía no lo puedo creer. En su memoria, un recuerdo solamente: sus conciertos de Día de Muertos en el Espacio Escultórico.
Espero su descanso eterno sea en un lugar donde exista la música.

Adiós a Bush

¡Se va!
Lo justo sería verlo juzgado en un tribunal internacional por los daños causados a naciones y ciudadanos del mundo entero, por las guerras, por su complicidad con los ladrones financieros, por su corrupción absoluta, por los daños causados voluntariamente a la salud de la Tierra, por su irresponsabilidad en todos los órdenes. Y por idiota, porque el presidente del país más poderoso del planeta no tiene derecho a serlo.
Pero no hay juicio más sumario que el festejo gigante para recibir al sucesor del cargo.
De todas maneras: me quedo esperando que la justicia de orden internacional imponga un castigo legal en Bush.

Avión ballena

Veo las imágenes del avión que se accidentó sin pasar a mayores, cayendo en el Río Hudson frente a Manhattan, y la verdad es que se me alborota hasta el occipucio. ¿Por qué? ¿No es, en última instancia, una imagen de la derrota? ¿No es, en primera instancia, una confirmación de la fragilidad de las cosas? Pues sí, pero pues no. El avión ahí tirado no es lo mismo que una ballena varada. Para empezar porque una ballena estacionada absurdamente en la playa es una imagen de muerte, y éste no lo es: es una imagen de sobrevivencia.
No es el fracaso, sino la comprobación de que una actitud responsable y astuta puede salvar la vida de muchos. Voy a ir más lejos: la imagen de ese avión flotando en el Río Hudson es lo inesperado, y me da risa.

Pero en todas las imágenes hay algo que encuentro irritante. Lo menos poético de todo el asunto son las palabras: USAIRWAYS. El mensaje nacionalista, el propósito inmediato, el deseo de enviar un mensaje comercial a lomo de los mastodontes, me pone los pelos de punta.

Después, ya escrito esto, oigo que le llaman “milagro”, y me pone más los pelos de punta. ¿Milagro? si hubo uno, fue del señor de Moño (el Demonio): ¿de dónde salieron tantos gansos del norte, atacando al unísono hacia las dos alas de un objeto ruidoso, volando a contrapelo de ellos en el aire?

La basura

Oír diario barrer (las hojas secas de la banqueta, el patio), el llamado del camión de la basura, las campanas del basurero… Del paso del camión de la basura me queda en la memoria su florida coloratura acústica, las pláticas de las mujeres del servicio doméstico, el risrasris de las escobas de popotillo, una armonía que tiene la ciudad de México, siempre estable atrás del caos…
De Berlín recuerdo el sonar de las puertas metálicas de los sótanos al abrirse y el jalón a los botes de basura, y los contenedores comprimiendo; sonidos más ásperos, más cortos, más precisos. De Brooklyn, el paso de la barredora que se lleva la nieve, y dos días a la semana el paso de los camiones recolectores (más aguda la recolección del reciclaje, más grave la basura en bolsas oscuras).
Y de la pantalla de la computadora, me queda el teclear tenaz de los dedos para hacer a un lado los mensajes basura del correo electrónico, o aquí, en el blog, el spam, a veces por cientos… Me pasa a menudo que por quitar la basura que avientan quién sabe quiénes, se queda uno ya sin tiempo, llega la hora de a otros lugares a cumplir con otras (¿tal vez quitar la basura del escritorio, la oficina, la cocina, la cabeza, las pantallas de las salas de cine?…)

El filósofo, el exilio y los poetas

¿qué disparate es ése: atribuir a toda tradición cultural formas y grados de nomadismo?
Entresaco esta cita, la de un autor combatiendo su propio argumento, de una joya: Los aprendizajes del exilio, el libro que ganó el Quinto Premio de Ensayo al que convoca la editorial Siglo XXI, del filósofo (y lector de poesía de primera liga) Carlos Pereda. En el libro, Pereda rastrea o descubre en poemas (”metatestimonios”) algunos aprendizajes del exilio. Para mí tal vez lo más admirable del libro es la manera de leer poesía: no se trata de “usarla”, sino de entender su discurso poroso, de sacarle sabidurías a una materia que, de ser mejor, no contiene . Espléndidamente escrito, nada solemne -todo lo contrario: aquí no hay imposturas ni fingimientos: el autor no necesita intentar impresionar para ganar la autoridad de su discurso (un “discurso” por cierto cargado de sabiduría humana, y de un verdaderamente espléndido optimismo -aunque “optimismo” no es preciso la palabra, en su verle la mejor cara a la moneda hay otra cosa; la reemplazo por “apetito de vida”)-.
Por último, otra cita de oro (podría anotar un buen número más): “no importa de dónde parten los aprendizajes, sino qué van encontrando, adónde llega”. Continúa con un “no sólo” que ya no escribo aquí. Sólo quería, con un par de citas, en mi carácter de, como dice, “acumuladora de pérdidas”, hacerle un mínimo homenaje al gran lector de poesía y magnífico escritor Carlos Pereda.

Katherine Mansfield crítica

Dejé en mi escritorio al salir de Brooklyn un volumen de notas críticas de Katherine Mansfield, y me dado de topes por no traerlo conmigo. Hubiera querido traducir aquí algunos fragmentos (de Hardy: que no le queda claro si a la personaja la ha ayudado a concebir el paraguas o el protagonisto; a Gertrude Stein la pulveriza en tres frases, etc.).
Me conformo por el momento con pasar al vuelo una de sus clásicas: “Quién no quisiera probar todo tipo de vidas -una es demasiado pequeña-, pero esa es la satisfacción del escritor: poder encarnar a muchas personas”.
El libro de crítica empieza con algunas escritas a cuatro manos con su marido John Middleton Murry. Le cito por esto otra muy conocida: “El placer de toda lectura se duplica cuando uno vive con alguien que comparte los mismos libros”.

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