Entre el sofá y el blog
Febrero fue un mes móvil, agitado. Estuve en cinco países (Nueva York, el punto de base, que toqué entre una ciudad y otra para estar presente en los dos cursos de graduados en la universidad, el de Cervantes, y el de escritura literaria; Cartagena en Colombia -para participar en el Hay Festival-; Habana y Cienfuegos en Cuba -parte del jurado del Casa de las Américas-; Madrid -para presentar la edición de El complot de los románticos, la novela que ganó el Premio de novela Café Gijón, que -m¡, y México, para hablar en la presentación de Casi nada, de Daniel Sada, que ganó el Premio Herralde de novela).
Hoy, que ya es marzo, acabo de entrar a casa.
Si a las ciudades se suman las lecturas o las obras a que asistí, fui de Joseph Roth en El busto del emperador -edición de Acantilado del 2003-, a las novelas ejemplares de Cervantes, de Slumdog Millionaire, a Grand Torino, a dos churros (en mexicano quiere decir pelis de quinta) españoles, a un Chejov montado por Sam Mendes, a …
La nieve retrasó el aterrizaje del avión, y creo que merezco irme a dormir temprano.