Carmen Aristegui

¿Cómo que se va? No puede ser que se vaya de la W… Es valiente, lúcida, brillante. Sobra decir que honesta. Por suerte tiene opiniones, que no tienen que ser las mismas que tenemos todos, porque piensa con su propia cabeza -no con la de su jefe o su conveniencia-.
¿Cómo que se va?

8 Responses

  1. javier castro Says:

    me parece exagerado tanto alboroto por la salida de carmen aristegui, pronto encontara chamba como coordinadora de comunicacion social del presidente legitimo, ¿no creen?.

  2. Miguel Ángel de Jesús Esparza Aldaba Says:

    Es posible inferir que fue un designio del “presidente legítimo” -me refiero a Felipe Calderón Hinojosa- que le revocaron el contrato a la Bellacarmen. Pura venganza política (la opinión con el porcentaje más alto en el sondeo de opinión en proceso.com).
    Aunque, por otro lado, qué podríamos esperar de un grupo de empresarios que no les importa la opinión de la audiencia, y siendo criaturas de Televisa… A los ciudadanos de a pie sólo nos quedan los medios alternativos.

  3. Anúnciese aquí Says:

    Pues sí, se va

  4. A. GABRIELA G. BUENROSTRO Says:

    El “starsystem” en la comunicación
    A. GABRIELA G. BUENROSTRO
    08 de enero del 2008

    En La Jornada de hoy, Emir Olivares escribe una nota referente a la reacción de Javier Mérida, director de la W, y de Daniel Moreno, director de contenidos de la misma estación. “Mérida se dijo sorprendido de que diversos medios de comunicación y algunos personajes de la política manejaran la versión de que la salida de Aristegui se haya debido a un acto de censura”.
    Asimismo, afirmó que tampoco seguirán apostándole al “starsystem”. Con esto quiere decir que ningún conductor debe estar por encima de la información y que pretende homologar los contenidos. Es decir, más de lo mismo. En todos los noticieros escucharemos las mismas noticias como ocurrió con el fallido proyecto ECO.
    Amén de que existen opiniones que aseguran que los que hemos exagerado al reaccionar con molestia por la cancelación del noticiero dirigido por Carmen Aristegui porque, como argumentan, se trata de una situación de índole laboral en la que el patrón ya no está interesado en el trabajo de su empleado, cabría que nos imagináramos si, de haber sido el partido de oposición el que ganara las elecciones, Carmen continuaría, como cada mañana, al frente de su informativo.
    Irrefutable es que la información debe ser la protagonista, pero nadie puede negar que es muy importante quién la da a conocer. No se trata, pues, sólo de repetir y aventar a diestra y siniestra hechos y datos. Se necesita de una guía que nos ayude a interpretarlos y el éxito de Carmen, en este sentido, es su don de interpretación.
    El “starsystem”, ése que Mérida y demás directivos no quieren seguir, es el que prevalece especialmente en los medios electrónicos en donde desfila, todos los días, la bancada televisiva y radiofónico –también están en radio—que fue a hacer bola el 11 de septiembre del 2007 con la misión de defender el derecho a la libertad de expresión. En realidad, pretendieron defender las carteras de sus patrones.
    ¿De quién de aquellos que estuvieron ese día se puede decir que posee agudeza crítica, que es plural y valiente para tocar los temas que “nos duelen”? En este tenor, Carmen no era la “estrella” de Hoy por Hoy. Eran los hechos y el ojo avizor de Aristegui para tocar todas sus aristas.
    Qué incómodo que insistiera, por ejemplo, en que la muerte de Ernestina Ascencio se debió al ataque brutal de gente del ejército y no a un “malestar gastrointestinal”, como se adelantó Calderón a declarar. Qué molesto que hablara con Sanjuana Martínez sobre los sacerdotes pederastas y la complicidad de Norberto Rivera. Qué lata que transmitiera extractos de los discursos de Andrés Manuel. Qué terrible que reuniera a tres representantes de los tres partidos que pugnaban por la presidencia en el 2006 en sus mesas de diálogo y opinión. Y qué atrevimiento el suyo dar a conocer la plática telefónica entre Nacif y Marín hablando del justo castigo que merecía Lydia Cacho por meterse en donde no debía. Aunque lo inconcebible fue la mañana en que dijo que la Ley Televisa era anticonstitucional.
    Su pecado capital, escribir lo siguiente el 14 de septiembre del 2007, tres días después del ridículo que hicieron las pandillas Televisa, TV Azteca e Imagen ante los senadores: “Me preocupa el tufillo golpista que percibo en algunos de mis colegas. No comparto en modo alguno la idea de que esta reforma constitucional ponga en riesgo ni mi libertad, ni la de ningún ciudadano de este país, para expresar opiniones de ningún tipo. Sí creo que la reforma significa un paso trascendente para la vida democrática de México.
    Esas son las razones de peso que levantaron ámpula y la pusieron en la mira de los dueños. Como dijo anoche María Amparo Casar en Primer Plano: “Muchas veces especulamos razonadamente. No es una cosa que imaginemos. En efecto, aquí a pesar de que el dios rating estaba del lado de Carmen Aristegui, el dios de la comercialización también estaba del lado de Carmen Aristegui, no se le renovó (el contrato)”.
    Lo que es seguro es que no se le puede acusar de no haber sido plural, punzante, suspicaz y, por sobre todo, de haber puesto a pensar a la población, asunto que, por supuesto, no le conviene ni a un gobierno ni a un sistema mediático que quiere a una sociedad ignorante.

  5. Ulises Rodriguez Says:

    Pues ya se fué. Ya “la salieron”, como dicen en Aguascalientes…
    Y como con algunas otras personalidades, ahora más gente se interesará por su trabajo (ya ven que murió Pavarotti y resultó que todo el mundo era amante de la ópera…).
    Saludos.

  6. Lourdes Álvarez Says:

    Lamento la cerrazón del gobierno y de los empresarios. Lamento que se quiera acallar las voces distintas, que se opte por el “aquí no ha pasado nada”.
    El trabajo que hacía Aristegui nos ayudaba a reflexionar, a escuchar al otro, a conocer que en este país no todo está bien, que los señores del poder político, económico o eclesiástico también delinquen.
    Siento vulnerado mi derecho a estar informada y expreso mi solidaridad y admiración por una mujer inteligente, valiente y honesta.

  7. A. GABRIELA G. BUENROSTRO Says:

    DOS MANERAS DE MEDIR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

    Apabullante es el adjetivo que puede utilizarse para describir la respuesta solidaria que Carmen Aristegui ha obtenido, luego de su multicitada salida—yo diría que expulsión—de la W “enmudecida”. Manifestaciones afuera de la estación, correos electrónicos, encuestas, artículos de opinión escritos por reconocidos periodistas y analistas, cartas y desplegados en algunos diarios, comentarios, en fin. El hecho ha causado irritación e indignación.
    Se debate sobre si este hecho es de índole laboral, en donde el patrón decide prescindir de los servicios de un empleado, o es un cínico acto de represión y de silenciamiento. Sobra decir que los pronunciamientos se abultan en el último sentido.
    Al leer algunas opiniones vertidas en bitácoras—cabe mencionar que la Internet ha sido el abrigo perfecto para esto—no sin preocupación constaté la gravedad del encono social, de la división y de los extremos en los que nos encontramos. Una sociedad dividida, sin duda, puede ser una sociedad vencida.
    Lo que no debemos perder de vista es lo que significa que Aristegui haya sido silenciada porque, vamos, no se han tragado el cuento burdo de la “incompatibilidad editorial” y el que, como dijera Javier Mérida, ya no le van a apostar al “starsystem” en donde el protagonista es el conductor y no la información. ¿O sí?
    Para muchos, aquellos que nos hemos pronunciado nuestro rechazo a la cancelación del noticiero de Carmen, somos personas rasgándose las vestiduras que han sobre reaccionado intentando enmarcar lo sucedido dentro de un ataque a la libertad de expresión. Lo es. Un monopolio que pretende “uniformar” sus canales informativos, conforme a su línea editorial y su propia política, para satisfacer sus intereses comerciales y para tratar de quedar bien con el gobierno de “los monos sabios” (no oye, no ve, no habla), cierra puertas y ventanas para ejercer dicha libertad. Por eso es que he dicho que al gobierno y a la cúpula empresarial le importa una sociedad ignorante.
    ¿Quién nos defiende como sociedad? ¿Quién defiende el derecho al ejercicio periodístico libre? Los legisladores, por supuesto. Como radioescuchas decepcionados no podemos hacer más que hacer oír nuestra inconformidad, enfado y cansancio. Eso no nos devolverá el espacio crítico y punzante de Aristegui.
    Jenaro Villamil, colaborador de la revista Proceso, se entrevistó con Carmen y, entre muchos puntos que ella revela sobre las verdaderas razones de su salida, hay algo que dijo y que se me clavó: “Si había una empatía en el momento de la transmisión, cuando se cancela el espacio esa empatía se potencia. Ante la brutalidad del silencio, hay este sentimiento de pérdida de los ciudadanos: ‘Me quitaste lo que yo oía y no te importé’. No te importó que los índices de audiencia fuéramos ciudadanos.” (Proceso No. 1628, Enero 13 del 2008).
    Nuestro derecho como audiencia a escuchar lo que deseamos escuchar por convicción, por elección, importa un pepino. Los únicos que pueden hacer algo son precisamente los legisladores en el sentido de que deben darnos una ley que garantice la planeación, la realización, el desarrollo y la permanencia de tribunas informativas en las que sea posible hablar de lo que resulta incómodo a los poderes fácticos; en donde primero, que se den a conocer los códigos de ética de los medios en nuestro país—al menos yo no los conozco—y, segundo, que se hagan valer y respetar.
    Claro que para que eso ocurra, los legisladores tendrán que recordar que su compromiso es con el pueblo de México porque son los que nos representan. Estoy segura de que, el pasado 11 de septiembre del 2007, vergonzoso para quienes son periodistas, comunicadores y reporteros de verdad, no figuras de la “información”, nuestros senadores quedaron convencidos de la voracidad de los empresarios de la comunicación.
    Lamentable día en el que los “próceres” del periodismo exhibieron su miopía ética al defender, como gatos boca arriba, los ingresos de sus jefes argumentando un atentando contra la libertad de expresión al particular estilo telenovelero. Y si no, cómo olvidar a Patricia Chapoy preguntando que si hablar en su programa de la guapura de Peña Nieto, era delito de acuerdo a la Reforma Electoral. O el triste papelón de Sergio Sarmiento cuando convocó a un “referéndum por la libertad de expresión” y, por supuesto, la actuación patética de Ferriz de Con—feliz beneficiado del Fobaproa—como procurador de la ética y de la moral, visiblemente iracundo, dando golpes verbales a diestra y siniestra.
    Se sabe de al menos 25 amparos, contra dicha reforma, que ya fueron concedidos por jueces de distrito a la Confederación Patronal de la República Mexicana y a la Confederación Nacional de Cámaras Nacionales de Comercio, según dijo hoy Armando Paredes, presidente del Consejo Coordinador Empresarial y, también, se ampararán contra la ley del Cofipe.
    Así que de nuestros legisladores depende que el derecho a la libertad de expresión sea respetado porque es un hecho que, la liberta de expresión, se mide de formas muy diferentes para unos y para otros. Para los poderes fácticos, de acuerdo a ingresos millonarios a costa de la sociedad que les importa nada. Para nosotros, está medida a lo largo de nuestra historia, plagada de abusos, de robos y de sometimiento. Ya van siendo hora de que las cosas cambien.
    Legisladores, tres peticiones:
    1.Queremos una ley que proteja y garantice nuestro derecho, como audiencia inteligente y capaz de hacer sus propias elecciones, a espacios informativos “no uniformados”, plurales y críticos, donde se hable “de lo que duele” con entera libertad y en los que el único interés motor sea la sociedad mexicana.
    2.Que dicha ley obligue a los detentores de los medios de comunicación a hacer públicos sus códigos de ética y sus líneas editoriales.
    3.Que la legislación de la misma se haga públicamente y que sean invitados especialistas en materia de comunicación, sociología y psicología social. No queremos a la mesa empresarios de la comunicación, sino auténticos comunicólogos y analistas.

  8. Yomira Tumiras Says:

    A quien corresponda

    Lo único que solicito con todo respeto, es que me digan en cual estación de radio debo sintonizar en los próximos días para oir a doña Aristegui, porque no consigo creerle a nadie en las noticias.

    Por más que escucho por aquí y por allá, no consigo creerles. Vaya, no me convencen.

    Aunque ya se ve que no hay medio pequeño para una profesional tan brillante como Carmen Aristegui, quien abrió el debate periodístico y dio espacio a Obrador para que mostrara los contratos de Juan Camilo Mouriño alias Ivancar.

    Tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, conducta antiética, manos sucias.

    Aristegui sigue marcando la agenda, desde su ventana de 30 minutos por televisión de cable.

    Yomira Tumiras

    PD Por favor, a los creativos correspondientes: Háganse por favor un blog, donde transcriban las entrevistas de Carmen cada noche en CNN. Gracias

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