Lecturas de los aviones
Odiaba viajar en avión. Me daba ansiedad. Soy fóbica, y ahí estaba uno de los infiernos. Pero a fuerza de uso, he aprendido a concentrarme de una manera muy especial en los aviones. Escribo, leo, corrijo: es un tiempo precioso. Rara vez duermo. Literalmente vuelo. Son horas casi sagradas, de concentración, de iluminación. Pienso volando. Se caen las paredes de las limitaciones, y entro a otros territorios. Volar es un viaje en sí mismo.
En el último viaje leí dos memorables: los poemas de Esperanza López Parada -finísimos, dulces, intensos, del libro “La rama rota”-.
Copio uno:
Acaso las cosas son un puente
entre lo vivo y lo muerto. Lo que usamos,
lo que vestimos, llevamos, lo que nos cubre
y adorna, lo que nos sirve acompaña al hombre
hasta el principio del sueño, como un ajuar
para la boda en que no se necesita lecho.
Empiezan las copas a vaciarse, en el vaso
se incia la sequía, la llave manca comienza
a abrir la puerta de lo breve.
Marzo 6th, 2008 at 11:54 am
Usted sí que tiene fobias de altura y una bonita afición por los versos.
A mí me sucede algo similar, nomas que sobre tierra o asfalto, a pesar de cierta fobia esporádica -una repulsión circunstancial, generalmente por el olor- hacia el transporte urbano, procuro aprovechar el tiempo en ese ínterin o limbo del reloj que se encuentra entre mi casa y la oficina, así que, acostumbro leer en el camino. Si pudiera escribir lo haría, pero la geografía accidentada de la ruta y los malos amortiguadores y modales del conductor no me permiten llevarlo a cabo.
Saludos, todos los días me asomo a su blog para volar hasta Nueva York… o a donde me sugieran las ideas que escribe.