Manuscrito encontrado en Zaragoza
Leí la novela cuando era una poeta joven, y, como hacíamos los autores de mi generación, la amé. Era una inevitable, un libro clásico vivo, en el mejor sentido de la palabra. Hoy vi la película. Dura tres horas y eso casi me convenció de evitarla, porque cada día el tiempo viene más sometido (cosa fatal, si se me permite), pero por suerte fui.
Uno de los mejores elogios posibles a una obra de arte es decir que uno se ha reído con ella. Y hoy me he reído como una descosida. La película es una delicia. Es, como la novela, un elogio al arte de contar historias, pero tiene algo distinto, un humor diferente, más contemporáneo, que la novela no.
En blanco y negro, pero llena de color y sazón en la manera de contar las historias.