La prófuga y el poeta
Aparece en la página de los criminales más buscados del FBI. De frente, la mexicana Jacqueline Tara LeBaron tiene aire de simpática, vivaraz, seductora, inteligente y despierta, se diría que sabe romper corazones aunque no sea la más bonita. De perfil se ve menos reidora e inspira desconfianza.
Nació en 1965 en el municipio de Galeana, Chihuahua, en el seno de la comunidad religiosa que en 1924 fundó su abuelo, Alma Dayer LeBaron, disidente de la iglesia de los Santos de los Últimos Días. De este rompimiento nacieron la iglesia del Primogénito de Todos los Tiempos, la del Cordero de Dios y otras cuyos nombres desconozco. Cuando en 1951 murió el abuelo, su primogénito, tío de Jacqueline, tomó las riendas. Al empezar los años setenta, el papá de Jacqueline fundó su propia iglesia y al poco tiempo ordenó, con fortuna, el asesinato su hermano. Años después el papá de Jacqueline fue deportado de México acusado de haber asesinado al líder de otra iglesia rival en Utah y fue a dar con sus huesos en la cárcel, donde murió no sé si en santa paz. Estando preso escribió su versión de la Biblia. Le añadió un mandamiento: cualquiera que hubiera traicionado a su iglesia, debía morir asesinado. La chica LeBaron y algunos de sus 55 hermanos se lanzaron al mundo a cumplir con la voluntad del padre.
Un día de 1988, tres ex seguidores de LeBaron y una niña de ocho años de edad fueron asesinados de un tiro en la cabeza en dos diferentes lugares de Texas a la misma hora. Varios miembros de la familia LeBaron cayeron en manos de la justicia y purgaron su condena. Jacqueline viaja a Aguascalientes y da clases de inglés. Las fotos que menciono deben ser de principios de los ochenta.
Me intriga que haya escogido Aguascalientes para hacerse ojo de hormiga. Por lo que recuerdo, no parecía sencillo pasar ahí desapercibido. Cuando nuestros hijos eran bebés, acompañé a Alejandro Aura a visitar al poeta de la ciudad, Desiderio Macías Silva. Siempre estaba impecable, de saco y chaleco, la cadena del reloj colgando en U en el pecho. Era un gran conocedor de los clásicos, dominaba el latín y el griego, arameo y hebreo, y escribía sobre la relación del español con estas lenguas. También era cirujano, me cuenta Alejandro que se dice que operó a Efraín Huerta.
En nuestras visitas tocábamos a la puerta de su casa sin previo aviso, lo tomaba Alejandro del brazo y nos enfilábamos a un café mirando el kiosko del jardín central de la hermosa ciudad señorial y provinciana. Nadie parecía tener asomo de prisa. Los hombres charlaban largo mientras yo jugaba con mis bebés. Poco después llegó a Aguascalientes la chica LeBaron.
El poeta Desiderio Macías Silva murió en el 95. ¿Habrá visto alguna vez a Jacqueline? ¿Habrá intercambiado con ella algunas frases sobre el latín o el inglés? ¿Discutieron asuntos teológicos? ¿Hablaron de la voluntad del padre? Desiderio tenía con qué, pasó de jovencito su temporada en el Seminario. ¿Intercambiarían opiniones sobre la poligamia o el asesinato comisionado por razones teológicas? ¿Le habrá leído en voz alta su magnífico poema Anda la estrella baja?: “Anda la estrella baja, /y yo habré de traerla, /y ella arderá /del techo del jacal: /Esto pensó mi padre. /Pero ya en el jacal /dijo la estrella: /No seré tu farol, /sino tu cama. /Y éste es /el secreto /de mi nombre”.
El secreto de los de la LeBaron –Melanie Martin, Amanda Susan Emerson, Karen Howell, etc.- es menos interesante que el de Desiderio: es prófuga de la justicia.
Noviembre 24th, 2007 at 10:39 am
Hola Carmen, soy de Aguascalientes, fuí alumno del Dr. Desiderio en la clase de etimologías grecolatinas, en 1990, y mi madre, enfermera instrumentista, operaron juntos a muchos pacientes en el Hospital Hidalgo. Contaba mi madre que el Dr., en aquellos tiempos, utilizaba la hipnosis en vez de anaestesia, -no siempre con buenos resultados-, ya que el gas que se utilizaba para anestesiar(no recuerdo cual) lastimaba horrible a los pacientes. Recuerdo que era un maestro apasionado, como me gustaría ahora conversar con él, o ¿por qué no? tomar otro curso de etimologías grecolatinas.