Norman Mailer
Sólo vi una vez en Norman Mailer -en Boston, donde Roberto González Echeverría me invitó a participar en un encuentro de académicos, escritores e intelectuales, un grupo mayormente anglosajón-. Tenía curiosidad por conocerlo, una leyenda viva (el co-fundador del Village Voice, el activista en contra de la Guerra de Vietnam), y no siempre ejemplar (en un ataque de cólera, le arrancó un pedazo de una oreja a su actor, Rip Torn, durante la filmación de una de sus películas, tuvo un arranque de violencia en contra de su segunda esposa).
La verdad es que sí tenía curiosidad por verlo, y que no me sedujo lo más mínimo su imagen pública. Estaba en el escenario (es un decir, porque habló durante una cena) con un experto en su obra, pero no fue un diálogo, nos regalaron una rutina que sonaba a redicha, subrayaban cada dos frases: “he aquí un figurón con su palero”. Mailer me pareció acartonado, fastidioso. Habrá quien me diga, pero ¿qué más podías esperar de una celebridad demasiado célebre, en una charla “informal”? Pues esperaba más. Parecía una parodia de escritor latinoamericano pulverizado de tanta aparición pública y de poco escribir. Pero no era el caso, estaba terminando la novela que apenas apareció hace unos meses, “The Castle in the Forest”, sobre la infancia de Hitler. La anoto en mi lista de lecturas inminentes, con otra, “Ancient Nights”, que era su predilecta, situada en el antiguo Egipto. Es un ritual inevitable: hay que conectar con los que se van.
Noviembre 12th, 2007 at 4:13 pm
[…] Uno de los padres del Nuevo Periodismo, fundador del Village Voice e ícono de la contra-cultura urbana falleció el sábado a los 84 años. Escribió libros como La canción del verdugo (1979) (Premio Pulitzer en 1980) y Los desnudos y los muertos (1948), también dirigió cine y actuó en películas de Milos Forman y Jean-Luc Godard. Fue candidato a alcalde de Nueva York en 1969 y tuvo 9 hijos. Reconocido por su ego sin precedentes, alguna vez dijo que odiaba todo lo que no fuera el mismo, la escritora méxicana Carmen Boullosa le rinde un extraño homenaje acá. […]