La basura
Oír diario barrer (las hojas secas de la banqueta, el patio), el llamado del camión de la basura, las campanas del basurero… Del paso del camión de la basura me queda en la memoria su florida coloratura acústica, las pláticas de las mujeres del servicio doméstico, el risrasris de las escobas de popotillo, una armonía que tiene la ciudad de México, siempre estable atrás del caos…
De Berlín recuerdo el sonar de las puertas metálicas de los sótanos al abrirse y el jalón a los botes de basura, y los contenedores comprimiendo; sonidos más ásperos, más cortos, más precisos. De Brooklyn, el paso de la barredora que se lleva la nieve, y dos días a la semana el paso de los camiones recolectores (más aguda la recolección del reciclaje, más grave la basura en bolsas oscuras).
Y de la pantalla de la computadora, me queda el teclear tenaz de los dedos para hacer a un lado los mensajes basura del correo electrónico, o aquí, en el blog, el spam, a veces por cientos… Me pasa a menudo que por quitar la basura que avientan quién sabe quiénes, se queda uno ya sin tiempo, llega la hora de a otros lugares a cumplir con otras (¿tal vez quitar la basura del escritorio, la oficina, la cocina, la cabeza, las pantallas de las salas de cine?…)