Vida rara

Una vez, hace ya mucho tiempo, tuve dos bebés. No estoy en ánimo de ponerme cursi, sino de no sé de qué. El caso es que mi hija, que nació antes que Juan, decidió desde muy temprano que ella quería ser actriz –oficio extrañísimo, si se me permite, como escritora me intriga y, lo digo francamente, me perturba. Es algo a mis ojos rarísimo–.
Cuando María Aura terminó sus estudios aquí en Nueva York, en la escuela para actuación de Stella Adler –de la que son exalumnos Marlon Brando y Benicio del Toro, entre otros célebres– y la vi en escena en una interpretación impresionante –Salman Rushdie, Mike Wallace el historiador y yo nos acojonamos en las butacas–, creo que comprendí lo extraño de ese oficio en carne propia, si se me permite la expresión, aunque no sea del todo precisa. No era precisamente placentero, sino terrible ver a la hija pasar por unos tormentos más allá del bien y del mal en mis propias narices. Y lo más peculiar es que pasaba y no. Lloraba y se daba contra las paredes –literal, estaba en la obra de teatro– pero ella estaba de lo más bien con esto, le daba inmensa satisfacción representar con soltura el tormento ajeno.
Los actores, las actrices, ceden su persona para que la ocupen otros. Lo contrario que un escritor, que se apodera de otros para que den paso a su persona. Aunque, claro, depende cómo acomode uno las fichas, porque a lo mejor no hay tales contrarios.
Recuerdo a Tomás Segovia diciendo hace muchos años –y creo que lo sostiene aún– que los poetas escriben para que los amen. Para un cierto tipo de poetas, es cierto. Para otros, no, evidentemente. Como en los actores y actrices. Ahora mi hija hace el papel de una chica impresentable. Una boba con ínfulas que le roba el marido a una mujer bella, fuerte. La jovencita que hace María es de la edad de la hija del hombre que pasa por una crisis de edad, y se enreda con él, sin darse cuenta que lleva todas las de perder.
Es una telenovela, éstas siguen su propia lógica, están más en el mito que en lo real. Y ahí anda ella, en un territorio que de verdad desconozco de plano, haciendo un papel en el que jamás la imaginé andar.

2 Responses

  1. Ruth Rojas Says:

    Imagino a mis nietos sentados frente a una computadora, llenando el programa que planeará su vida y poniendo el pedido de sus hijos (mis bisnietos)…eligiendo color de ojos, estatura, coeficiente intelectual…y a la máquina que lo va a alimentar…Xxx

  2. isabel Says:

    Yo no sabìa que su hija era Marìa Aura y de casualidad lleguè a esta pàgina, no sè dònde escribirle a ella,pero quiero felicitarla por haber hecho tan bien este papel, que no le importen las crìticas, es una excelente actriz, con buena trayectoria y preparaciòn,para mi,de lo mejor de esta telenovela.una brazo,un saludo y adelante Marìa!

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