Nota a ensayo de Benvenuto

HACER DEL OJO
Carmen Boullosa

1. Hacer del uno
La escena se repite en el nuevo cine culto europeo -tanto como un detective en la novela negra-: una mujer orina. Esta escena no llega cargada, no es fetichismo sexual, no es la “lluvia dorada” que fascina a los erotógrafos, ni carnaval o comedia (como en el primer largometraje de Almodóvar de 1980-, donde una jovencita punk, por darle gusto a una mujer, se le orina en la cara-). Ahora las mujeres hacen pipí en el cine así nada más. Es una micción sin condimento.

2. Hacer del dos
Para Benvenuto, esta intrusión de la pantalla en un espacio hasta hace poco inédito de intimidad es una muestra más de la tendencia “posmoderna” a exponer lo previamente velado, lo cubierto por tradición. Da algunos ejemplos. Añado otros: en la serie Los sopranos, un púber problemático se caga en la regadera de un baño colectivo y, no contento con su provocación, pisa su propia popó. La cámara sigue esta segunda parte de su acto con fría complacencia.

3. Hacer del cero
Se es voyeur a fuerzas. Los pudorosos vamos al cine a sabiendas que tendremos que taparnos aquí y allá los ojos para evitar las imágenes demasiado explícitas. Pero no todo son estridencias: en el noticiero de la noche, enseñan a los espectadores una escena “inédita”: la fotografía más cercana (más “íntima”) jamás tomada a Júpiter. Un Júpiter pelón, visto de cerca, sin mito ni leyenda, sin carga imaginaria, y con muy poca información, a lo sumo una frase, “las tormentas dejaron…”. La pantalla nos ofrece una superficie desnuda, desvelada y sin interpretación.
¿El cuerpo de la mujer se ha convertido en otro Júpiter desnudo, un planeta cualquiera sin anillo ni leyenda, sin interpretación?
Conquistar, apoderarse de todos los rincones del universo, deglutirlos con la mirada. Eso hace nuestro ojo colectivo.

4. Hacer del uno
En el cine, dice Benvenutto, el excusado donde la mujer orina no es el trono de la reina, sino el banquillo de la cautiva. Su cautiverio es anatómico, está condenada a hacer pipí sentada. Por exponer su intimidad, la mujer pierde su poder. Ya no cautiva, ahora es la cautiva. La deglutida.

5. Hacer del cero
En Jindabyne de Ray Lawrence (2007) -el director de Lantana-, un grupo de amigos sale a pescar, dejando atrás la opresiva población de Jindabyne, levantada a la orilla de una presa que se ha comido al pueblo original. En un remoto rincón del paraíso donde no llega señal a sus teléfonos portátiles, Stewart (Gabriel Byrne) encuentra flotando en el río el cuerpo salvajemente maltratado de una víctima de un asesino serial (una hermosa joven que habíamos visto viva previamente). Mira con horror su hallazgo, grita a sus pares que vengan a ayudarlo a “ver” -y a sacar el cuerpo del agua-. Cuando sus ojos comparten el peso de la visión, ésta se torna menos apremiante. Para no alterar la escena del crimen, vuelven a colocar al cadáver en el río y boca abajo; para que no se lo lleve la corriente, lo atan de los tobillos con hilo de pescar, y se van a dormir.
Pasan el siguiente día pescando, ignorando la cercanía del cadáver flotando. Cuando llega la noche, encienden su fogata y cocinan sus presas. Stewart visita a solas a la asesinada. Gira boca arriba al cadáver para contemplar su belleza. La observa. Ve su más absoluta desnudez, sus cuerpo abierto, pelado en partes de su piel. La pantalla está electrizada por su fascinación. Se ha encendido otra hoguera. No sólo la tradicional relación entre erotismo y muerte, ni la violencia y las tensiones sociales. La muerta es la pescada, la deglutida.

6. Hacer del uno
El ensayo de Benvenutto es provocador, toca una fibra que anda suelta y echando chispas. El cine y la iconografía popular han elaborado una re-visión de la mujer que resulta incómoda: Afrodita ya había hecho el amor en “público”, había enseñado a diestra y siniestra sus partes íntimas, se había abierto de piernas; ahora Afrodita hace pipí frente a todos. No pinta así su raya, no marca su territorio. Se deja devorar.

7. Hacer del cero
Repetidas veces, en la pantalla Afrodita-Venus-la Mujer es golpeada, maltratada, violentada, asesinada. Ya pasó mucho tiempo de que no se la pudiera tocar ni con el pétalo de una rosa. Y Afrodita ya no es una verdadera Afrodita. Ya no es la diosa. La exposición la ha despojado de sus poderes. La mirada ha penetrado en todo. El resultado es que la ha des-afroditizado, la ha a desdivinizado. No es lo único, también la ha re-etiquetado, no como un ser diferente, tampoco como un igual. La re-visión exhaustiva la ha matado.
Estamos ante un cadáver inerte.

8. Hacer del ojo
Como siempre, el poema sale al rescate del sentido y del mundo. En Meditation on a Moth -Sobre una mariposa nocturna- Meghan O’Rourke (Brooklyn, 1976) describe con claridad la cuasi-fatiga del ojo: Pobre de mi ojo, /ha hecho tanto mirar -es traducción literal: tampoco en inglés se “hace” mirar; pero la conjugación del verbo es precisa: nuestro mirar en efecto “hace”-. La poeta se autoconmisera de su ojo que ha mirado tanto. Sigue la enumeración de lo que ha visto, y lo primero que nos da la poeta es el cielo y el dorado con rayas oscuras/ de las trompetas de los frescos del edificio Chrysler/ y los fumaderos de opio (…)/ donde lo cuerpos se mecen como flores blancas. Pero lo que ella nos dice que el ojo ha visto, no existe literalmente, está vestido, velado con su imaginación. No hay frescos en el edificio Chrysler con trompetas de oro. Ya no abundan los fumaderos de opio. Frente a esta mariposa nocturna, la poeta da prioridad a la imaginación, a la memoria y a la oscuridad: a las tres de la mañana hay una fantástica ausencia de color. El ojo ya vio lo suficiente. Ahora lo que hay que hacer es imaginar. Ésta es la proridad.

9. Hacer del día
Llega el día al poema de O’Rourke: Pero tienes que levantarte en la mañana. El ojo del poeta debe volver a ver: El brillo bruto de la nieve al sol.
Entonces, ante lo inevitable, no recomienda taparse los ojos -como la pudorosa frente a la pantalla del cine- sino echar mano de otro recurso de poeta: en lugar de la disección visual, el desnudamiento, o el auxilio del microscopio o el telescopio, la sorpresa: Mira otra vez, y alcanzarás / algo sorprendente a la distancia.

Publicado en el suplemento El Ángel, del periódico Reforma, domingo 6 de mayo, 2007.

Santa Teresa visita el Beth Israel -cuento en la revista CRÍTICA-.

Hacer del ojo

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