Escritores

La literaria: qué fauna tan diversa. Esta semana, entrevisto a Antonio Skarmeta para la tv, horas después, en una celebración en su honor, converso largo con Nicola Kraus –publicada en español en Salamandra–, lectora ávida de Bolaño, y Jonathan Safren –publicada al español por Lumen la celebradísima “Todo está iluminado”–; después Fernando Gubbins, el editor de la Nueva Revista Latinoamericana de Libros (en Nueva York), Isaac Goldemberg –que se presentó ayer en City College–, Rafael Gumucio –está unos días en la ciudad con su mujer Kristina Cordero, y su hija adorable–, larga charla telefónica con Naief Yehya, que acaba de terminar novela… y releo, con voracidad, a los cronistas de Indias, de Colón y Anglería, a Bernal y cartas de “pasajeros” de Indias, intentando ordenar y poner en orden… casi imposible.

Carballido

Siempre estuvo ahí.
Descanse en paz.

Vida rara

Una vez, hace ya mucho tiempo, tuve dos bebés. No estoy en ánimo de ponerme cursi, sino de no sé de qué. El caso es que mi hija, que nació antes que Juan, decidió desde muy temprano que ella quería ser actriz –oficio extrañísimo, si se me permite, como escritora me intriga y, lo digo francamente, me perturba. Es algo a mis ojos rarísimo–.
Cuando María Aura terminó sus estudios aquí en Nueva York, en la escuela para actuación de Stella Adler –de la que son exalumnos Marlon Brando y Benicio del Toro, entre otros célebres– y la vi en escena en una interpretación impresionante –Salman Rushdie, Mike Wallace el historiador y yo nos acojonamos en las butacas–, creo que comprendí lo extraño de ese oficio en carne propia, si se me permite la expresión, aunque no sea del todo precisa. No era precisamente placentero, sino terrible ver a la hija pasar por unos tormentos más allá del bien y del mal en mis propias narices. Y lo más peculiar es que pasaba y no. Lloraba y se daba contra las paredes –literal, estaba en la obra de teatro– pero ella estaba de lo más bien con esto, le daba inmensa satisfacción representar con soltura el tormento ajeno.
Los actores, las actrices, ceden su persona para que la ocupen otros. Lo contrario que un escritor, que se apodera de otros para que den paso a su persona. Aunque, claro, depende cómo acomode uno las fichas, porque a lo mejor no hay tales contrarios.
Recuerdo a Tomás Segovia diciendo hace muchos años –y creo que lo sostiene aún– que los poetas escriben para que los amen. Para un cierto tipo de poetas, es cierto. Para otros, no, evidentemente. Como en los actores y actrices. Ahora mi hija hace el papel de una chica impresentable. Una boba con ínfulas que le roba el marido a una mujer bella, fuerte. La jovencita que hace María es de la edad de la hija del hombre que pasa por una crisis de edad, y se enreda con él, sin darse cuenta que lleva todas las de perder.
Es una telenovela, éstas siguen su propia lógica, están más en el mito que en lo real. Y ahí anda ella, en un territorio que de verdad desconozco de plano, haciendo un papel en el que jamás la imaginé andar.

los nominados

Un grupo de hacedores de cine, congregado por Jerry Carlson, nuestro Jefe Máximo, produce, filma, edita y arma los segmentos del programa de TV del que formo parte en esta ciudad desde hace más de un año. Se llama “Nueva York” y es en español. Trabajan admirablemente, y son un puño de personas verdaderamente talentosas y singulares. Hace un par de meses vi un corto del documental sobre niños de la calle en la frontera de México de una de ellos, Yolanda Pividal, “Tijuana, nada más”. Son veinte minutos que no voy a poder olvidar nunca: su valor documental, y su valor cinematográfico.
Hace más de un año vi la peli de Gisela Sanders, también parte del equipo desde que comenzamos el programa, y también soy su fan.
Hay otras, pero ahora –¡para no variar!– ando a las prisas. El caso es que han nominado a “Nueva York” para un EMMY de Nueva York, en la categoría Magazine.
Y estamos de fiesta. El equipo se lo merece: son unas joyas. El que quiera pegarle al link, ya dicho que nos llamamos “Nueva York” y que estamos bajo Magazine:
http://www.nynatas.org/attachments/wysiwyg/4/2008NYEMMYNominationsFinalFeb72008.pdf

Ni tiempo

Este año viene delgadito como una hoja de lata. No es un buen signo –desde un punto de vista… pero buenísimo desde otro: que dejo entre guiones largos–.
Me siento como los personajes de las novelas: no puedo salirme de la trama que alguien que no soy yo me trazó. Trabajo como una bestia, y apenas libro. O ni libro: soy como el pez que respira sacando la boquita de la superficie del agua. ¿O es que eso es sólo una imagen inventada por nuestro Mr. L. Colectivo?
En todo caso: el pez soy yo.
Pero como todo buen pez: nado. Hace un par de días, fui a ver la peli rumana “Five Months, Three Weeks, 3 days” -espero no equivocarme en las cifras-. Lo mejor del dicho es un momento ciego. No hay nada en la pantalla, sino pequeñas líneas de luz. El sonido se encarga de guiar la mirada. Ahí el espectador conoce el signo de la película que está viendo: no es un adorno, no; no es una cosilla para entretenerse. Pero tampoco es una “denuncia”, no es un documento. Es cine: porque las áreas ciegas cuentan.
La trata de blancas provenientes de países centroeuropeos que hoy es negocio floreciente, sólo se comprende a a luz de esta película. Las mujeres fueron consideradas objetos desechables desde antes. O desdenantes, palabra cuasimágica que describe un hecho sin vuelta atrás aunque venga del pasado.