En la revista Quimera de enero

Como Charlton Heston al final de El planeta de los simios, llegué al Nueva York de El Futuro: mi primer día de rutina laboral como becaria del centro para escritores de la biblioteca pública, coincidió con ese 11 de septiembre. No quedó la Estatua de la Libertad sepultada en la arena, sino las Torres Gemelas convertidas en polvo blanquecino. Recuerdo las hojas de papel flotando en el aire, bajando lentamente sus trabajosos escalones. Como Charlton Heston, me quedé sin voz.
De ahí para adelante, el tiempo se echó a andar hacia atrás:
Paso el primer año a un costado del Bryant Park, entre rascacielos, en la dicha biblioteca, a unos pasos del Empire State. El momento estelar del día consiste en cruzar el parque, las hojas de sus árboles de pálido verde, los troncos grisáceos. A la una de la tarde, se puebla de legiones de encorbatados, los oficinistas salen a comer el lunch.
Sentada en una silla del parque, apoyado el ordenador portátil en su mesa de metal, uso por primera vez el wireless público, conectada a internet sin necesidad de cables envío un email a Juan Pascoe, el impresor, él es quien, de todos mis amigos, vive en el punto más alejado de toda población, en una exhacienda azucarera en Michoacán. Enlazo Nueva York con la provincia mexicana, sin arriesgar el cuello ni pagar a un coyote miles de dólares por el cruce.
El segundo año, frecuento el área de Washington Square, invitada por NYU. Los transeúntes del East Village no son de traje y corbata, hay muchos estudiantes y aún vida de barrio que no se parece al tic tac del checar tarjeta. Voy y vengo de Unión Square a Washington Square, los edificios bajos, en las calles trasversales las casas piedracafé (¿podremos así llamar a las brownstones?), alineadas armónicamente a los dos lados de la acera, fachadas homogéneas, las escaleras para llegar a la puerta, el patiecito a su costado. Evito cuanto puedo Astor Place, congelado en los sesentas huele ya solamente a anzuelo para turistas distraídos, excepción hecha de la librería St. Mark’s. De ésta, a la Strand, de ahí a la biblioteca de NYU, idéntica a un Escher, me da vértigo.
El tercer año, el Upper West Side, en la Columbia University.
Desde el cuarto y hasta hoy (voy por mi séptimo neoyorkino), en Harlem, en la calle 137, donde el American Gangster hacía de las suyas, en City College. A la salida del subway, en un parquecito, los grupos de varones, sentados en su silla o cajón de madera traídos de casa para departir con sus amigos, discuten tiranos y ven pasar a las muchachas. Parece que están aún en sus islas. Esta ciudad, fundada en un archipiélago, con el capricho de un cartógrafo podría quedar como otra del Caribe. Sin cartógrafo también, 30% aquí son hispanos.
Todos este tiempo, vivo en Brooklyn, un Nueva York que es el ancla a un tiempo que avanza. Otra historia…

Lecturas de los aviones

Odiaba viajar en avión. Me daba ansiedad. Soy fóbica, y ahí estaba uno de los infiernos. Pero a fuerza de uso, he aprendido a concentrarme de una manera muy especial en los aviones. Escribo, leo, corrijo: es un tiempo precioso. Rara vez duermo. Literalmente vuelo. Son horas casi sagradas, de concentración, de iluminación. Pienso volando. Se caen las paredes de las limitaciones, y entro a otros territorios. Volar es un viaje en sí mismo.
En el último viaje leí dos memorables: los poemas de Esperanza López Parada -finísimos, dulces, intensos, del libro “La rama rota”-.
Copio uno:
Acaso las cosas son un puente
entre lo vivo y lo muerto. Lo que usamos,
lo que vestimos, llevamos, lo que nos cubre
y adorna, lo que nos sirve acompaña al hombre
hasta el principio del sueño, como un ajuar
para la boda en que no se necesita lecho.
Empiezan las copas a vaciarse, en el vaso
se incia la sequía, la llave manca comienza
a abrir la puerta de lo breve.

Desaparecido

Me llega esto a mi buzón electrónico. Me había prometido no escribir nada aquí hasta terminar con mi lista de pendientes. Pero el retrato verbal que me enviaron lo hizo tan presente y tan urgente que aquí va:
Remitente: ZONAESCENA (Maricruz Jiménez) :

LES ROGAMOS DIFUNDAN ESTE MENSAJE, ME LO HA ENVIADO EL ARTISTA VISUAL FELIPE RALLAS, PUES GERARDO –A QUIEN CONOCÍ COMO ASISTENTE DE LA MAESTRA ROSSANA FILOMARINO– ES UN COLABORADOR DE EL ESCALÓN LABORATORIO DE ARTE Y COMPAÑERO DEL GREMIO DANCÍSTICO.

POR FAVOR DISTRIBUYE ESTE CORREO PARA ENCONTRAR A

GERARDO FLORES ESPINOSA
QUIEN DESAPARECIO EL MIERCOLES 20 DE FEBRERO DE 2008 A LAS 9:00 AM
DE LA UNIDAD ARAGON, D.F., 1.68 DE ESTATURA, DE 75 A 80 KILOS, COMPLEXION REGULAR, MORENO OSCURO, CABELLO CORTO, USA ANTEOJOS

VESTIA PANTALON DE MEZCLILLA AZUL, PLAYERA AZUL CON LETRAS BLANCAS,CHAMARRA VERDE Y TENIS NEGROS, MOCHILLA ROJA CON GRIS Y NEGRO

IBA A BORDO DE UN VOLKS WAGEN 89 AZUL CON SALPICADERAS DESPINTADAS, CANASTILLA NEGRA EN EL TOLDO Y LE FALTA EL ASIENTO DEL COPILOTO
PLACAS 399 MFC DEL DISTRITO FEDERAL

CUALQUIER INFORME A CUALQUIER HORA POR FAVOR A LOS TELEFONOS:
57 96 17 30
57 51 59 12
044 55 39 50 59 94

SI LO VES, DILE QUE LE ESPERAMOS

GRACIAS


Rällas

« Prev