Francis Laboriel

Me acabo de enterar. Me escribieron Las Patronas para darme la noticia pero a una dirección electrónica equivocada. Lo acabo de leer.
Me acuerdo de Francis Laboriel cuando la conocí: ensayábamos a media noche la obra de teatro que todavía no existía pero ya se llamaba VACÍO, con Julio Castillo, el director (que era genial), en casa de Jesusa (genial también). El grupo de actrices se llamaba Sombras Blancas. Y Francis era la sombra negra, parte esencial de ese mundo único e irrepetible que nació y maduró en esos ensayos fascinantes.
Supe que estaba enferma, y lo borré porque no me cabía en la cabeza. Me acuerdo de ella en 1980, es la imagen que grabé y que no voy a olvidar nunca.
Cuando yo estaba embarazada de María mi hija, y no podía moverme de la cama, me regaló una copia de “Memorias de Adriano” de la Yourcenar, el primer libro que leí de ella, el comienzo de una adicción.
Francis Laboriel.

Los ridículos

¿Será que los amigos son esos seres magníficos que están a prueba de los ridículos de los que pueden llamarlos así? Lo que, por supuesto, no hace en lo más mínimo ridículos a los amigos, sino, como ya se dijo, amigos.

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