Arráncame la vida

Fui a ver la película. Daniel Giménez Cacho merece mención aparte: está sensacional. La peli, en cambio, a pesar de la espléndida fotografía, no alcanza vuelo. Sí, sí, ya sé que es un exitazo, pero no levanta. Además, le falta el filo que tiene la novela. En el libro, la protagonista es subversiva, pero en la peli, sólo “se dice” que es inteligente, pero el espectador no tiene la oportunidad de verla ser la aliada excepcional que el marido pondera. Es una viuda negra, versión abominable de la mujer que no tiene poder alguno en la tierra, y que sólo puede echar mano de la venganza.
Me asombró, en una peli tan carísima, los errores de continuidad (el galán entra al restorán, se sienta a la mesa, de pronto se le ve tomando una copa de vino que no ordenó y que nunca tuvo antes en la mano), de temporalidad (la copa dicha es muy ochentas, los detalles no están cuidados; ahora la protagonista viene peinada a lo medio hippie, ahora a los veintes; los vestidos no tienen mangas cuando cuándo crees que en la Puebla de entonces se hubiera podidos hacer eso; entra vestida de blanco, sale de negro, etcs). Pero eso no tiene importancia. El problema es el imán de la peli misma: se ve obligada a optar por el semiporno para hacerse atractiva, porque es lo que tiene –además de Giménez Cacho que está excepcional, y del encanto inmenso del joven de Tavira–.
¡Tenía tantas ganas de verla!… ¡lástima!

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