Arráncame la vida

Fui a ver la película. Daniel Giménez Cacho merece mención aparte: está sensacional. La peli, en cambio, a pesar de la espléndida fotografía, no alcanza vuelo. Sí, sí, ya sé que es un exitazo, pero no levanta. Además, le falta el filo que tiene la novela. En el libro, la protagonista es subversiva, pero en la peli, sólo “se dice” que es inteligente, pero el espectador no tiene la oportunidad de verla ser la aliada excepcional que el marido pondera. Es una viuda negra, versión abominable de la mujer que no tiene poder alguno en la tierra, y que sólo puede echar mano de la venganza.
Me asombró, en una peli tan carísima, los errores de continuidad (el galán entra al restorán, se sienta a la mesa, de pronto se le ve tomando una copa de vino que no ordenó y que nunca tuvo antes en la mano), de temporalidad (la copa dicha es muy ochentas, los detalles no están cuidados; ahora la protagonista viene peinada a lo medio hippie, ahora a los veintes; los vestidos no tienen mangas cuando cuándo crees que en la Puebla de entonces se hubiera podidos hacer eso; entra vestida de blanco, sale de negro, etcs). Pero eso no tiene importancia. El problema es el imán de la peli misma: se ve obligada a optar por el semiporno para hacerse atractiva, porque es lo que tiene –además de Giménez Cacho que está excepcional, y del encanto inmenso del joven de Tavira–.
¡Tenía tantas ganas de verla!… ¡lástima!

Aguascalientes

Fui a la Feria del Libro, a presentar “El fantasma y el poeta”. La ciudad está hermosísima, la tienen muy cuidada.
Las estatuas sacras que viven en las fachadas de las iglesias no tienen brazos, están mochas. Las iglesias estaban llenas de gente. Vi una bailarina (”de los pies desnudos”, como dice Rubén Darío) bailar en la calle que lleva al mercado, el Parián. Lo que fue el Hotel Francia es hoy un Sanborns, pero me reconcilié con los Sanborns, entendí el concepto de esas tiendas, que son una prolongación de la plaza pública.

Juan Pascoe y la generación Martín Pescador

Hace treinta años, alrededor del Taller Martín Pescador se tejía una generación de artistas y escritores. La pelotita me la pasó Gilberto-Mono-Blanco: que en el Taller Martín Pescador se publicaron los primeros libros de Roberto Bolaño, de Verónica Volkow, de Francisco Segovia, de José Luis Rivas, de quien escribe aquí, y estaban cercanos Daniel Sada, Francisco Hinojosa, otros escritores, pintores, músicos. Ahí cuajó el grupo musical Mono Blanco, el rescate del son jarocho. El trabajo cotidiano del taller donde Juan Pascoe hacía (hace) libros a mano, con tipo móvil, sobre papel húmedo, las conversaciones, las fiestas al terminar cada tiraje…
Sólo un breve pasaje para enviar a Juan Pascoe un abrazo hoy que es día de su cumpleaños.

Regresar

El problema con esta ciudad es que regresar es echarse a andar. No es tocar base, respirar hondo, decir “¡hogar, dulce hogar!” sino “¡ándale, córrele, ya pero ya!”, no hay respiro.
Además de todo lo demás (que aquí ahorro), ayer entrevisté a Jacobo Morales, hoy presentan su peli “Ángel” en el festival de cine del Lincoln Center y en el fin de semana van a proyectar otro par suyas.
Hace pocos días, entrevisté a Enrique Vila Matas, vino a el Instituto Cervantes. La conversación fue deliciosa, como es él y sus libros. (Se presentó en el Cervantes con Cristina Grande).
En minutos, a Cristina Peri-Rossi (en este caso no para nuestro “Nueva York” de la televisión, sino para BOMB), y no será en vivo sino enSkypiada.
Y estoy ansiosamente esperando cámaras para entrevistar (aquí sí para “Nueva York” y cara a cara) a Barbara Probst Solomon, nos recibe en su casa. He estado leyendo sus memorias…
El miércoles conocí a los cinco directores que dirigirán en el King Juan Carlos Center las cinco lecturas de las obras de teatro de las cinco autoras latinoamericanas que deambulamos en esta ciudad mientras en nuestros cajones tenemos obras de teatro no representadas jamás. Y fue ahí, entre estos (o eran cuatro, la quinta envío un representante, pero valga), que sentí que por un momento yo volví a casa: me regresaban a aquel mundo entre gente de teatro que abracé durante años y por unas décadas, y que extraño malditamente tanto.

Caravaggio bis “La Camorra”

En una visita a Nápoles hace unas semanas, fui tras el célebre Caravaggio que ilustra las obras de misericordia, y topé con “La Camorra”, que estrena en Nueva York en el Festival del Lincoln Center.
“La Camorra” es un testimonio de lo mal que andan las cosas, tanto en Nápoles como en la mafia. Ya no habemos un El Padrino sino unas docenas de padrinitos medio muertos de hambre o medio riquillos, pero la pluralidad no aporta a la narración (social) nada interesante. La violencia crece, y esto es todo menos interesante, es la ausencia de gramática social, de sentido. La vida se vuelve como una peli barata.
En cambio en el Caravaggio que vive en la iglesia de la Misericordia -si no me equivoco-, todo es economía para dar mayores significados, todo es sentido, todo tiene pies y cabeza. Lo cual no hace al Todo más Sensato, Económico y Comprensible, pero sí convierte al lienzo en un monumento magnífico.
De todas maneras, hay que ver “La Camorra”. El narrador (Savinio) es mediocre. Los actores, que no actúan porque en su mayoría provienen de la vida real, funcionan espléndidos. Y toda la peli se vuelve un “documento” de nuestro momento, que no va mal.

Agente cero cero cero cero.

Nací en el 54. Hoy cumplo 54. Cinco más cuatro dan nueve, nueve es cero en la prueba de la multiplicación. Hoy soy Cero Cero.
Y otro cero más: nací en el mes 9 (cero). El día 4, a las 5 de la tarde (otro cero).
Saturno está de acuerdo: hoy sus anillos desaparecen (de la vista de la tierra). Me hace un striptease. Llevo semanas gobernada por la melancolía, pero ahora se va: tanto cero trenza un escudo y me protege.

La candidata

Se le reventó a McCain la vicepresidente. Regaló un dolor de cabeza a su equipo y a las que simpatizaban con la idea de una mujer en la mancuerna.
La exreina de belleza, la mamá de cinco, la abogada en contra del aborto, tiene una hija adolescente embarazada. Tiene una demanda por intentar echar fuera del trabajo al excuñado. Le levantaron una infracción por beber borracha. Y los chismes corren a diestra y siniestra: que si el hijo no es de ella sino de la hija, que porque no parecía embarazada cuando avisó que lo estaba. Que si está envuelta en un asunto de corrupción. Que si era miembro activo del movimiento separatista de Alaska.
Pero todo esto es lo de menos. Para mí que no es estupidez de McCain sino una declaración: “Señores, electores, voten por mí porque yo sé discernir que una mujer es… como la que aquí ven (mentirosa, bella, idiotita, incapaz de llevar casa y asuntos…”.
¡Auch!

¡Era telenovela!

Ayer escribí aquí que había encontrado “Hwang Jin Yi” detestable. De mi ronco pecho.
Me envía un amigo esta información: en realidad “Hwang Jin Yi” fue una telenovela de 25 capítulos, de los que extractaron la película. ¡Por esto la narrativa a trompicones! Se saltaron pedazos, pero no nos ahorraron lágrimas ni exageraciones.
Si fue telenovela, hay que alabar su extraordinaria calidad de hechura. Pero para peli… ¡ojalá me la hubiese ahorrado!
Y aquí contesto a Andrea: no que no me gustara “El arco” -es una bella película-, lo que se me atoró es que la narración perdona al raptor de la menor, y que la sacrificara en su honor. Sí, ya sé que las ficciones no tienen por qué ser ejemplares (no deben ser ejemplares), pero me recontrachoca la “moda” de justificar a los viejos del mito de la Susana bíblica. Y aquí, aunque no se le justifica, sí se sacrifica a la niña. Y de alguna manera se salva al viejo.
Repito: sí me gusto la peli. El ritmo en que está contada me fascino, su tono de cuento popular también, los actores, la humildad voluntaria del lente. Pero me rebelo en contra del final de la trama.
No conozco la que menciona Andrea, la buscaré apenas tenga un ratito…