Dos de teatro

1. El Murciélago Mayor -María del Mar Gómez, de ahí las dos emes, que tiene un blog con nombre de Murciélago aunque es una pícara adorable con cara de ángel, cabeza primorosa y pluma bien habida- acaba de ganar un premio por su obra de teatro “Fuga Mundi” que tuve la suerte de leer en manuscrito. Le han dado el Premio Beckett de teatro.
Sólo felicitarla, y temerme lo peor mientras empiezo mi camino hacia una obra de teatro que han montado aquí, en Nueva York, sobre la pintura de la Kahlo que representa a una chica tirándose de la ventana del piso 16 de un elegante edificio de Manhattan. Voy arrastrada de un ala -también yo, sólo que en mi caso hacia arriba-, y quién quita y tiene algo o siquiera alguito, pero la verdad es que no tengo demasiadas esperanzas.
En cambio, cuando me acerqué a la “Fuga Mundi” iba llena de favorables prejuicios, y la encontré espléndida. La felicito, y le deseo que la monten, los espectadores la amen -o hasta la hamen, pero que no la envíen al amén a la primera-.
2. De regreso del teatro: la obra a la que fui llevada a rastras es “The Rise of Dorothy Hale” -¿La asunción de Dorothy Hale?-, de Myra Bairstow, en el teatro de St. Luke, en Broadway, inspirada en la pintura de la suicida que hizo Frida Kahlo, respondiendo al encargo de Mrs. Luce, conocida dramaturga y esposa del fundador de la revista Time, y a quien no le gustó un pelo por razones obvias: como saben, la chica aparece en el piso, después de haber viajado los 16 pisos que separaban su ventana de la banqueta.
Para llegar a la obra, cruzar el pasaje infernal de Times Square que me niego a comentar aquí, atestado de turistas o suburbanos, aunque digo que sí lo padecí, no la cantidad de gente sino el lugar, eso que es hoy Times Square –no debo abrir la boca, está el libro espléndido de Marshal Berman, y tanta gente que ha escrito sobre el asunto, incluyendo el artículo en el NYRB (¿fue ahí?) del Dr. Wallace: yo sólo lo detesto y prefiero evitarlo-. Después entrar al teatro, pequeñito y acogedor, propicio para una buena.
Nada más ver la escenografía me hizo sospechar lo peor de lo peor, creer en mis prejuicios. Pero cuando la actriz que interpreta a Frida Kahlo –Sarita Choudhury, de “Missisipi Massala”- comenzó a hablar con un fuerte acento extranjero tanto el inglés como el español, demostrando de viva voz lo poquita cosa que somos los mexicanos a los ojos de los de aquí que ni siquiera sabemos hablar nuestra propia lengua, cuando la obra retratara a una Frida estúpida y ridiculona, dada a quemar candelas frente a calaverotas como de lección de anatomía e invocar a “Lai Pelouna” –“la pelona”, alias la muerte-, cuando la señora Luce, Claire Booth Luce, que debió ser un personaje inteligentísimo, genial –la mujer más leída jamás, periodista y comentatriz, además de, como ya dije, esposa del creador del emporio Time-, es representada como una boba bruja medio putona, cuando el asesor de Roosevelt no es sino un tipejo en teoría, pero de apariencia de galanazo (uno se dice “¿pero por qué no lo quiere Dorothy?, cómo es posible que se vaya con ese pelmazo en lugar de quedarse con el precioso?” y uno maldice a la agencia de casting), cuando uno hecha chispas contra los parlamentos y … ya no sigo. Los actores no están mal sino maltrechamente dirigidos para parecer fantoches… Todo fue a mis ojos un pero pero pero petatero, menos tal vez la intención de buscarle peras al olmo, que siempre es buena.
El fondo es el problema está en la idea del teatro como una representación artificial y predicha… que es el teatro de Broadway. ¡Y pensar que hay mexicanos que se esfuerzan en cometer el mismo crimen! Y en el mundo entero, supongo, por suerte no me entero.
Pero no me hagan caso a mí, yo quien soy, la obra ha pasado ya por la aprobación de John Travolta:
http://www.broadway.com/Gen/Buzz_Photo_Op.aspx?ci=553936
Sólo que atiendan a este pequeño comentario: si hubiera sido un musical, si lo hubiera bailado un Travolta cuando joven, o si hubiera habido copetes o kilos extras de alegría y satisfacción como los de él–ese John es uno de mis gordos predilectos-, no me estaría quejando aquí. La única escena de baila es perpetrada por Frida Kahlo, ¡se los juro, por mi madre que me mira desde el cielo! Termina con un dolor de panza que la retuerce como tlaconete. Ni con eso simpaticé, aunque había muchos motivos para tlaconetizarse de lo lindo. Por cierto: en el acto 1, Frida camina normal, hasta baila, aunque poquito, pero bonito, usa brassier -se transparenta por atrás, en la blusa (horrible, corriente) pseudo-oaxaqueña que viste; en el acto 2, trae corsé, camina como si hubiera sufrido malas cirujías de la columna. No hay transformación en el texto ni en el montaje, sólo es que parece que de pronto la actriz -o la directora, o las dos- caen en la cuenta de que Frida… etcétera y todo lo demás.
En todo caso, otro gordito menos bailarín que Travolta, redime la obra: el portero. Porque la única lección que saca uno al final del periplo es: mucho mejor vivir teniendo al lado un portero fiel y muy metiche, que un político de enamorado -y ¡horror, horror!, medio comunista y pro-aborto-, asesor de Roosevelt.
Aquí entre nos: ninguna gana de ninguno de los dos, ni de portero ni de político, así que debí ahorrármela que tiempo no sobra.
3. Felicidades de nuevo a María del Mar Gómez.

One Response

  1. Miguel Ángel de Jesús Esparza Aldaba Says:

    En cuanto a “The Rise of Dorothy Hale”… ¿Esas puestas en escena influirán sobre las políticas de migración?

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