Cine coreano
Este fin de semana me embaqueté con varias pelis coreanas producidas en el 2007. Dos fueron excepcionales, y la que me vendieron como la joya de la corona resultó aburridísima.
Las excepcionales y muy divertidas fueron “Going by the book” de La Hee-Chan (yo la traduciría como “A pie juntillas”), que va sobre un entrenamiento policíaco que consiste en asaltar un banco sin libreto y atrapar al asaltante. El jefe de la policía elige para interpretar el papel del ladrón a un poli que se atrevió a levantarle una infracción el primer día de su nombramiento. El personaje es disciplinado, rígido, sigue las órdenes a pie juntillas, obsesivamente, y -cosa que no sabe el jefe nuevo al nombrarlo para el rol del ratero- siempre pone a todo mundo en problemas.
Lo extraordinario (y muy divertido) de la película es la manera festiva en que celebra la relación entre ficción y realidad: el poli que hace de ladrón y que sigue a pie juntillas la orden de interpretar su papel de la mejor manera posible, convence a todos a su alrededor a seguir el dictado de su ficción.
Entre siniestro e hilarante, el hilo se va desenrollando para embrollarse. El resultado es una película inteligente, de trama notable, muy disfrutable y llena de significados. Pero no pretensiosa.
La segunda que me divirtió -así menos elegante, incluso llena de guiños de comedia corriente- es “Once upon a Time”, de Jeong Yong-King, producida en 2008, que yo traduciría como “Había una vez”. También es divertida, también es inteligente, también tiene una trama muy bien armada. También los actores son deliciosos. También no es previsible. También una delicia verla.
Y la que me vendieron como la joya de la corona es una película inflada de pretensiones, increíblemente cursi y aburrida, con actores acartonados a los que sólo les llora un ojo cuando llega la de lacrimear, más telenovela de quinta que otra cosa, pero inflada e inflada como Gran Arte, que fue un tormento de largor y mal gusto: “Hwan Jin Yi” -intraducible, es un nombre-, incoherente, mal escrita, mal pensada, y si alguien cree en el infierno que me la pongan a ver sin pausa una y otra vez por cinco años.
En todo caso, incluyendo la malita –que de todas maneras tiene sus cualidades: una fotografía impecable, unos vestuarios que ni Dior, etcs–, asombra el estado de la escuela coreana de cine.
Picada en el asunto, fui a la esquina por una peli coreana, y vi “Bow” -al español yo la llamaría “El arco”, del maestro Kim-Ku Duk, con la que tengo objeciones que van más allá de la pantalla. Pero esa es otra historia. Y valen las virtudes de la película, que tiene muchas, para considerarla como una muestra de primera. Aunque, como decía, tengo unos Aunque marca diablo con ella…
Septiembre 1st, 2008 at 2:01 pm
Tengo curiosidad por saber por qué no te gustó El arco. ¿Viste “Breath” de Kim Ki duh? Es muy buena.