Leo en el periódico que sale del hospital. Aunque la nota me preocupe, el nombre Ninón Sevilla me llena de recuerdos gratos, entre otros la canción, que explica su situación:
- ¿Y qué es lo que pasó?
- Que se desmayó.
¡La cocaleca! http://www.youtube.com/watch?v=SOgukM3hV7Y&feature=related
¡Así se vive, pero se sufre!
Espero esté ya bien, una mujer formidable, llena de vigor. Me puse a soñar en las rumberas de las pelis mexicanas cuando la cinta era de oro y plata. Me acordé de Alejandro Aura leyéndole su poema a Ninón, hace unas décadas, cuando teníamos el centro cultubar El Cuervo, en Coyoacán.
Y me acuerdo también de su poema a María Antonieta Pons:
http://www.youtube.com/watch?v=QWu1qTgQs5M&NR=1
Pero hoy el homenaje lo merece la que acaba de salir del hospital, tomo el poema de su libro LA PATRIA VIEJA de Alejandro Aura:
NINÓN SEVILLA
Querida Ninón Sevilla:
quiero decirte que después de todo no ha sido tan difícil vivir
como me parecía en aquellas tardes de domingo en el cine Lux;
claro que mi abuela no me enseñó a quererte
sino todo lo contrario
pero mi educación fue tan tonta que mejor sigo puesto en tus trajes de rumba
y en esa especie de turbante que le dio a mi vida, no sé por qué, la noción de la soledad.
Tarde o temprano se mueve el corazón por propio impulso
y va a dar derechito a su verdadero amor.
Porque nadie, Ninón, sabía moverse como tú; que lo digan mis ojos.
De nada me serviría ahora recordar los nombres de los nefastos galanes
que rodeaban las pistas en donde tú, en horas y horas de rodaje, tejiste la tela de araña en donde cayó mi gusto para siempre;
ellos qué, ya se deben haber muerto, o secado,
y nadie puede seguir cogiendo más allá de la muerte, Ninón.
Ahora que ya todo es fácil
no veo por qué callar los alaridos de mis recuerdos;
yo no volveré a vivir, ni tú tampoco,
de manera que es bueno lo que digo.
Tú eres lo que permanece,
en tus caderas tan movibles está puesta toda la eternidad que yo pueda manejar;
y el amor y el desamor a mi abuela,
el amor y el desamor a mi padre y a mi madre,
el amor y el desamor a mis mujeres
y el amor y el desamor a mis hijos
han estado marcados por la forma como tú movías las nalgas, Ninón,
feliz de ser así,
y ajena por completo a esa marca de agua que imprimías en el alma sin chiste de un niño flaquito de la colonia San Rafael.
Bebe tus lágrimas
Alejandro