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En El Universal mañana, a la 1 de la tarde:
http://foros.eluniversal.com.mx/entrevistas/w_detalle_entrevPK.pl?id_entrevista=8665&id_cat=116
En El Universal mañana, a la 1 de la tarde:
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Vi en Nápoles la peli GOMORRA de Matteo Garrone, basada en el suprafamoso libro de Savinio sobre la mafia napolitana, el Sistema, o la Camorra. Era el escenario ideal, la ciudad cuando pasaba por una de sus legendarias crisis con la basura, así que aunque transcurre en la periferia, en los barrios (o suburbios), Secondigliano y Scampia, se sentía como que uno estaba en medio de ella. La proyectaron con subtítulos en italiano, por suerte, ayudaba ver escrita la lengua extranjera, y el dialecto napolitano me habría dejado en blanco.
Sólo hay tres o cuatro actores profesionales (Gianfelice Imparato, Toni Servillo), pero esto no la hace menos. Lo que sí es que es un poco repetitiva, y me pareció católica hasta las orejas (cada que los personajes están dándose alguna forma de placer, llega la metralleta a castigarlos, puf), pero en general como turismo o antropología no va mal. Al terminar, aparecen unas frases que buscan ser impactantes sobre la Camorra, el Sistema o como quieran llamar a la mafia napolitana, entre otras que ha cobrado 3600 muertos desde 1979, y que han financiado la reconstrucción de las Torres Gemelas. En esto último, la verdad, salté: ¿cómo le hicieron para refinanciar lo que no existe? Francamente chafa, encima porque acabamos de ver que la Camorra, así Pudra, Corrompa y se Cuele en todo, no parece contar con los recursos del Rey Salomón sino luchar padeciendo en carne propia el declive económico de la región y la escalada de niveles de violencia que aquí en México se ha vuelto el pan de cada día…
Porque es difícil digerir que en México hay más de tres mil cadáveres cobrados por la violencia que acompaña al narcotráfico en lo que va del 2008, asados, decapitados, torturados, acompañados de mensajes que no están escritos en celuloide sino a menudo sobre los cuerpos…
Me he desaparecido del blog. Un problema de salud –mi cuello dice que no tiene ni la menor gana de cargar con mi cabeza, ni de saber que abajo de él viene pegado un cuerpo, un cuello díscolo, un extraterrestre clavado en casa–, y como he estado fuera de base no ha sido fácil.
No que el cuello haya cambiado de opinión, pero por lo menos siento a ratos que le estoy ganando la batalla. Y en esta victoria escribo:
que leí la novela “Nombre de guerra”, de José de Almada Negreiros, por primera vez traducida al portugués, y que me ha parecido una joya. Excepto las últimas páginas: el autor no tiene gana de concluir el libro, pero tampoco de continuarlo. Y quedan un poco irritantes, pero esto dos o tres. La mirada del autor es original, me interesó muchísimo. Lisboa en los años veintes, el provinciano que entra a la ciudad e ingresa la fauna nocturna. La novia del pueblo, la amante transitoria, y la ausencia de pasión –que no falta en su manera de ver y de escribir–.
Otra lectura -en la que estoy-, Federico De Roberto, “Los virreyes”, otra cosa: una novela decimonónica, la aristocracia siciliana y sus bajezas y miserias morales.
Por el momento, regreso a pelearle al cuello.
Las modas a menudo son obtusas si no es que francamente estúpidas. ¿Por qué no están hoy de moda Alejo Carpentier o Juan Carlos Onetti? Pues porque no están de moda. Y el caso es que este lunes me ha tocado acercármeles a los dos, y Onetti es tan absolutamente genial, y lo mismo Carpentier, y entra “La vida breve” y “El acoso”…
Hace años, más de una década, encontré en Berlín este cd: “África canta a Mozart”. No era maravilloso, para mi desilusión de entonces. Hoy abro Babelia y encuentro un “África canta a U2″ y recuerdo aquella primera desilusión y pienso si no será una nueva forma de sometimiento, un nuevo ejercicio, políticamente correcto. África interpreta, y da legitimidad, a los que por el mismo motivo son los clásicos. Como si África estuviesa jodidísima pero tuviera el sello que otorga la Primera Clase artística, porque, como todos sabemos, Eva nació en la África, y todos venimos de ella. En contra de lo cual no tengo ninguna objeción, pero si U2 y cualquier otro quiere obtener bonos a costas de un continente despojado de sus bienes por todos los que hoy canibaliscamente quieren nutrirse… pues…
Llega el domingo, pero ¿dónde el sábado? La semana parece incompleta. No apareció CONFABULARIO, el suplemento literario semanal que se había vuelto imprescindible. Cada semana lo buscaba y había algo interesante (o muy interesante o interesantísimo, o imprescindible) que leer. CONFABULARIO se había vuelto mi hogar. Y desapareció a lo abracadabra. Ah. Ah. Con ache y todo, ¿por qué? ¿Cómo demostrar mi desagrado? ¿A quién hacerle saber que no fue una buena movida?
Por el momento, al domingo que transcurre aunque está por evaporarse. Domingo: no pareces domingo. ¿Cómo crees que puedes llamarte así, cuando faltó el sábado-confabulario?
No sé cómo la han traducido al español, ¿”Mientras ruedan las lágrimas”?, “As Tears Go By”, en idioma original “Wangjiao Jiamen”, de 1988, largometraje de Wong Kar-Wai, con Andy Lau, Jacky Cheung, Maggie Cheung, que BAM está proyectando por primera vez en estas ingratas tierras, es un homenaje a las posibilidades narrativas del cinematógrafo. El director muda de estilo en cada estancia de la historia, buscando (y encontrando) cuál retórica, cuál tradición convienen al pasaje que está por contarnos. No solamente cambia de ritmo o enfoque: opta por otra textura en la pantalla, por otro estilo, por otra voz. Esto sin ser por un minuto pretensioso, retórico, tradicional o voluntariosamente innovativo, como si fuese algo espontáneo. Simplemente nos cuenta una historia. Una combinación de frescura y coraje, valentía y sensatez, locura y mesura. No he visto todas sus pelis, pero ésta ha sido una vigorosa exaltación del oficio del narrador.
En cosa de tres días, dos diálogos con dos autores muy diferentes en dos ciudades distintas. En Nueva York, y en Oaxaca. En Nueva York con el salvadoreño Castellanos Moya, en el Festival del PEN. Lo he leído e incluso he hablado de algunas de sus novelas, pero no lo conocía. Como era en el marco del Festival del PEN, dialogamos en inglés, la lengua franca. Fue un diálogo delicioso. Discrepamos en mucho. En primera fila estaban Phillip Lopate, la editora de New Directions (que acaba de publicar a Castellanos Moya), los editores de Sexto Piso.
Un día después, en Oaxaca, en el Encuentro Internacional de Escritores –las mojigangas, el mercado, Santo Domingo, la maravillosa ciudad de mi abuelo materno–, con Margo Glantz, un diálogo donde también diferíamos y conveníamos, pero hacia direcciones muy diferentes.
¡Que viva Oaxaca!
El PEN club tiene una vez al año un magna círculo literario en Nueva York, invitan gente de todo el mundo –o casi– a discutir temas –discutibles, por cierto, pero eso es otra historia–.
Este año México tiene tres invitados: Coral Bracho, Ximena Escalante, y su servilleta. Para mi enfado infinito me pusieron una etiqueta que decía “MEXICO-USA”. ¡Sí, cómo no! ¿En qué están pensando? Estoy en lo del PEN gracias a las labores del consulado mexicano, y por supuesto que no soy gringa, ni yendo a bailar a chalma. Estoy que no se me baja la cólera. Está bien: no creo en nacionalismos y patrioterismos, pero pero… Esto, simplemente no. Lo que más me llama la atención es que me siento humillada por esto. Cierto que he vivido aquí en Brooklyn (que no estoy segura sea “gringo”) desde el 2001, no todos los días porque voy y vengo, subo y bajo de aviones, cruzo el Río Bravo sepetientas veces al año (muy frecuentemente a mi regreso, por cierto, me detienen los de inmigración para suprarrevisar mis papeles… ¡de mexicana!) y emprendo hacia otros lados también. No he contado los días, pero muchos sí son.
En fin. Sólo lo anoto, y me enfado y colerón que no se me pasa.
Detesto los nacionalismos ramplones. Pero no soy gringa. Puedo llamarme sin incomodidad “ciudadana del mundo” o “de cualquier sitio”. Y quisiera tener una docena de nacionalidades. Pero que me digan gringa, no.
Gabriel Vargas, el creador de La familia Burrón, dice al recibir la distinción “La garra del león” que entrega el Circo Atayde, que se siente “valiente como en mis mejores días, como un león pero chimuelo”. Tengo en mi escritorio un ejemplar de los Burrón que un día me regaló Aura Estrada. Vivía guardado -que no perdido, como muchas cosas que guardo-, pero en honor de ella lo conservo paradito al lado del monitor, así a un tiempo la tengo presente en mi memoria, le hago homenaje con algo que sé que a ella le encantaba, y por ella también recuerdo a los Burrón. Ahora quiero una postal con “La garra de león” para ponerla a su lado. Debiera también acompañarla con el ejemplar de “Los signos del Zodiaco”, la genial obra de teatro de teatro de Sergio Magaña, transcurre en una vecindad parecida a la de los Burrón, aunque el tono sea tan distinto… También debiera poner la portada de “Kung Fu Hussel”, la peli de Stephen Chow que me divierte tantísimo -otra vecindad, en Hong Kong, muy Burrón y Magaña con un giro fantástico-humorístico que es delicioso.