la autora de LA ODISEA (según dice Butler) y otras ignoradas

Cosillas de mujeres:
la autora de la Odisea, Lilia Carrillo y las Independentistas

–publicado hoy en: http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45206.html

El calendario dedicado A las señoritas americanas>, especialmente patriotas (que recopila vidas de heroínas de nuestra Independencia, Mariana Rodríguez de Lazarín, Manuela Herrera, Fermina Rivera, Leona Vicario), publicado en 1825 por Joaquín Fernández de Lizardi (El Periquillo Sarniento) dice al final: “En una palabra: es imposible reducir a número las heroicas americanas que se distinguieron en la pasada insurrección”.
Llama la atención que la mayor parte de las mujeres que menciona Lizardi han caído en el completo olvido, y que la más recordada sea la Corregidora golpeando el piso con su zapatito (su memoria arranca una sospecha: ¿será que la grabamos porque el marido era un señor “importante”, y en el fondo se le recuerda como “su” señora?). ¿Dónde quedaron las otras?
No son las únicas protagonistas olvidadas. Podar o mochar grandes mujeres de nuestra memoria, nos mutila a todos. ¿Qué hubiera pasado, por ejemplo, si Manuel Felguérez hubiera deseado borrar a Lilia Carrillo, con quien estuvo casado de 1960 hasta su muerte en 1974? ¿Qué tal que hubiera optado por la postura de Edward Hopper? “¿Qué se siente estar casado con una pintora”, le preguntó Josephine, su mujer, y le contestó Edward: “¡Francamente apesta!”.
Felguérez, y nuestra querida Mercedes Oteyza, han convertido a Lilia Carrillo en una presencia capital en el Museo Manuel Felguérez de Zacatecas. En la sala dedicada a los murales de Osaka, al entrar, el de Lilia Carrillo es el primero, y me permito decir que se exhibe como el central. (Comparo con Hopper: no hay manera de ver hoy una sola obra de Josephine Hopper, antes de casarse era considerada uno de los más importantes artistas de la época, exponía al lado de Picasso, la O’Keefe y Modigliani, pero su relación con Hopper, a quien ella consiguió galerista, y por cuya carrera trabajó con ahínco, la anuló).
En 1970, los artistas de La Ruptura pintaron en un género que pertenecía a los muralistas: precisamente el mural. Realizaron una serie (espléndida, excepcional) para la Exposición de Osaka. Después, los murales de Osaka permanecieron en el olvido, guardados enrollados, en una bodega, hasta que los Felguérez los arroparon en su Museo.
Lo usual es lo contrario a lo que han hecho los Felguérez. Para muestra, otro botón: a fines del XIX, el erudito Samuel Butler, traductor de la ILIADA y la ODISEA a buena prosa inglesa, publicó LA AUTORA DE LA ODISEA. De ahí lo cito: “No me importa si fue escrita por una mujer o por un hombre, tampoco dónde vivió ese poeta o esa poetisa. Lo único que me interesa es saber lo más que pueda sobre el poema.” Concluye que la autora fue una poeta siciliana, joven, empecinada y soltera, quien con su puño y letra escribió el poema entre el 1050 el año 1000 A.C..
¿Cómo pudo olvidarse?
Butler, erudito y lector, explica cómo llegó a esto. Se preguntó por qué los diálogos de las mujeres suenan tan espontáneos, mientras que los de los varones se oyen rígidos, y los personajes masculinos son descritos con ojo distante, sin importar su papel o clase social. Rastreó “errores” que no quitan encanto y poder a la obra, pero sí delatan el género de su autor. Explica que la autora misma se presenta en el poema: es Nausicaa, a quien Odiseo relata gran parte del cuerpo de la ODISEA. (Detalle sin desperdicio: Odiseo llega, apenas salido de un naufragio, y se acerca su autora … ¡desnudo!).
Butler responde a las objeciones: “se dice que es muy improbable que una mujer de cualquier época haya sido capaz de escribir una obra maestra como la ODISEA. A esto contesto que es igual de improbable que la escriba un varón, y el hecho es que nadie lo repitió. Transcurridos siglos desde que se escribió la ODISEA, no ha habido nadie capaz de equipararla … es igualmente improbable que el hijo de un comerciante de lanas de Bedfordshire escriba el HAMLET (o, si me permite la adición, que una provinciana y bastarda creara las genialidades de Sor Juana)… Trabajos fenomenales implican un creador fenomenal, y hay tantas mujeres fenomenales como los hay hombres”.

Érase un hombre a su nariz (des)pegado

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