Golpe
Qué golpe ver el estado en que está el centro de Coyoacán. Ni en la peor de las pesadillas imaginé algún día verla así. Pasé a ver cómo seguían las obras: nada. Quiero decir, nadie estaba trabajando en las (mal llamadas) obras. Las dos plazas centrales están cercadas con alambre, y de los trabajos, renovaciones, arreglos no hay sino un piso pelado y ningún alma o cuerpo atendiendo, haciendo o deshaciendo. Un golpe. Esas hermosas plazas que los años fueron llenando de gente y desorden, se han convertido en zona de guerra donde todos los bandos parecen haber pedido. Varios ejércitos de desertores campean desolados. Y mientras otro corazón vivo de la ciudad fallece… ¡Ay! (perdón por las señas de admiración, pero sólo el “¡ay!” de los corridos parece cuadrar aquí), ¿cómo fue a pasar esto? ¿Cómo puede ser que esto esté ocurriendo? ¿Hace cuántas semanas están esas “obras” inmóviles, los pisos levantados, las plazas cercadas? ¡Ni un día más! Apúrense, arreglen lo que haya que arreglar (siguen impávidos los horríficos basureros en medio del jardín de la plaza, columpiándose de la risa), échenle agua a las plantitas, y regresen la vida al centro de Coyoacán, un día maravilla del mundo, y hoy vergüenza del gobierno.